El futuro tiene muchos nombres.
Para los débiles, lo inalcanzable.
Para los temerosos, lo desconocido.
Para los valientes, la oportunidad.
Victor Hugo

Ciudad como espacio económico cultural

Hace unos años asistí durante el  mes de noviembre a un curioso Master de Festivales en éste evento enmarcado dentro de las actividades de Creative Clusters Glasgow los responsables del Festival de Edinburgh (Edbrá, como lo pronuncian allí) compartieron  sus experiencias junto a un panel de unos 400 delegados de 40 países. Entre los ponentes, se encontraba el director del Festival de Edinburgh, Jonathan Mills, quien destacó el papel de los festivales en el desarrollo de las ciudades. Mills, habló de muchas cosas pero me quedé con el principio de que los festivales deben arraigar en el corazón de los ciudadanos o lo que es lo mismo, promover la participación ciudadana. El ciudadano, afirmaba, debe participar y ver que el festival supone un beneficio para la ciudad. En cierto sentido, no le faltaba razón, si los festivales se producen con dinero público estos deberían al menos fomentar la creación de trabajo y/o oportunidades para los habitantes de la ciudad.DSC_5410.JPG
Edinburgh es un buen ejemplo de ciudad que ha sabido inventarse para cumplir con ese ideario y llegar a sus ciudadanos (el 65% de ellos piensa que los festivales son de gran importancia para la ciudad). Pero además han sabido preparar empresarialmente a las personas con talento e integrar a su mayoría en una ciudad que ha hecho de la cultura una industria asociada al turismo, sin sol ni playas. Una ciudad, en tamaño y habitantes parecida a Málaga pero que, a diferencia de esta, ha diseñado una política cultural transparente en la que la participación ciudadana, el turismo y la cultura son objetivos políticos trasversales. Edinburgh sabe gestionar como un activo más de la ciudad la potencia turística – cultural de sus 12 festivales sin necesidad de mentar a ninguno de sus muchos insignes edimburgueses como Tony Blair,  David Hume, Sir Arthur Conan Doyle, Robert Louis Stevenson, Sir Sean Connery o J.K. Rowling. El Festival Internacional de Edimburgo atrae todos los años a miles de turistas, que en el mes de agosto se dejan en la ciudad unos £100 millones. Los 13 millones de turistas anuales que visitan Edinburgh son atraídos entre otros activos por su excelente oferta cultural porque Edinburgh en agosto es liderada por artistas pertenecientes a as más diversas disciplinas.
Y con lo fácil y gratis que es aprender aún me sorprendo viendo como en Málaga, no se dirige la mirada al exterior. La ciudad que se paraliza, perdió hace tiempo la capacidad de aprender. Algún día llegará el momento en el que los que dirigen el destino cultural de la ciudad salgan a estudiar las experiencias de otras metropolis en profundidad y no por reacción porque depender del sol y la  construcción no es suficiente. No hace mucho se vociferaba al estilo “cenachero” que Málaga era, la quinta capital de España aunque nadie supiera realmente en qué. Es importante salir para enfrentarnso a nuestros propios miedos e inseguridades. En definitiva, poner en perspectiva la ciudad y ver que no tenemos las mejores playas del mundo, ni el mejor clima, que ni Picasso, ni Banderas podrán seguir sosteniendo eternamente el orgullo malagueño. Pero sí, es verdad, tenemos actividades culturales a lo largo de todo el año, disfrutamos de una ciudad agradable, unas infraestructuras aceptables, unas gentes generalmente encantadoras y una estupenda climatología (por lo menos así fue hasta el invierno de 2010) pero no hemos sido capaces de ilusionar a los ciudadanos, crear artistas, desarrollar una industria creativa y por ello también hemos fracasado porque no hemos conseguido generar audiencias y mucho menos ciudadanos que participen.

Es vital tener un plan estratégico de la cultura que dirija esfuerzos coordinados y trabaje con distintos grupos de interés. En Málaga a menudo se observa como cada uno va a lo suyo, en la especialidad de “duplicar esfuerzos”, sin preguntar, como si todos entes públicos y privados, especialmente los primeros, ostentasen desde su “posición de despacho” un conocimiento infinito e infalible. Infalibilidad peligrosa porque no es permeable a las grandes ideas que pocas veces nacen de las intrigas políticas.

DSC_54411.JPGComo epílogo y volviendo a Edinburgh terminaré destacando que a diferencia de otras ciudades se palpa una política del bien superior cultural que no “cutrural” de puertas abiertas. Recuerdo que tanto fue así que durante una recepción en el Ayuntamiento el propio Alcalde, George Grubb, y su “Concejal” de Cultura se acercaron a nosotros (a mi socio Fabricio Chavarro y a mi) para preguntarnos sobre nuestras experiencias en el ámbito de los Festivales y en especial sobre el proyecto de candidatura de Málaga a  Capitalidad Europea de la Cultura. El Alcalde, acompañado en todo momento por el concejal de cultura y el de turismo nos explicó: “(…) el turismo se ha hecho fuerte con la cultura, o la cultura se ha hecho fuerte en el turismo que viene a ser lo mismo porque lo que interesa a esta ciudad es atraer visitantes y aunar esfuerzos”. Señores gobernantes pero… ¿tan difícil es entender esto?

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