Durante esos días, mi socio Fabricio y yo, de Industrias Creativas & Co. (dos de los cuatro únicos delegados procedentes de España), nos dedicamos a compartir nuestras experipecias sobre las ICs en Málaga y Andalucía. Tras escuchar las distintas ponencias llegamos a la conclusión de que la rueda ya estaba inventada solo había que innovar el cómo (know how), el modelo de desarrollo para las ICs en España. Sin embargo, resultaba paradójico observar como en la España que tiene en la actualidad a poco más o menos dos decenas de “candidatas” a Capital Europea de la Cultura 2016, no hubiera ni un solo representante.
Hablar de las ICs, es hablar de cultura, por cuanto que la creatividad es la base y el fondo de cualquier expresión cultural. La mal llamada industria está aún en un estadio previo compuesto principalmente por una sociedad andaluza muy creativa pero poco industrializada. Los creativos en general y su entorno en particular – político y económico – deben arriesgar en definir juntos una visión sobre un sector con gran potencial de crecimiento. ¿Sabía que en Londres – y esto es una realidad – las ICs eran el el segundo sector en importancia después del financiero?.
En España todavía estamos lejos de llegar a compartir esta realidad pero soy optimista… pienso que el futuro esta lleno de oportunidades y que poco a poco, cuando el entorno deje de intrigar y mirarse el ombligo, se abrirán las puertas de los despachos y los burócratas (buro, del griego, despacho y de cratos, poder) se darán cuenta de que hay muchas maneras de aprender si eres capaz de escuchar.
Apoyar las ICs es apoyar a empresarios, artistas, creadores y a toda una pléyade de profesionales que indirectamente viven de ellos. La industria de la creatividad tiene en sus procesos de creación (productos) un modo de vivir legítimo y sostenible. Ahora que el paradigma tradicional se desmorona no estaría de más dirigir la mirada a un sector al que definitivamente hay que preparar.




