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De como series yokis cambió mi vida.

Pasada la pataleta provocada por la Ley Sinde que consiguió por unos días dividir y enfrentar ruidosamente a la opinión pública. Pasado el mes en el que las Industrias Creativas saltaron por primera vez en su corta historia hispana a la palestra de los telediarios. Con el olvido relativo de la“memoria Polaroid” recordando a Fernando Díaz Plaja en “El Español y los Siete Pecados Capitales” me apetece recapacitar sobre algunos aspectos que, con cierta vergüenza, considero destacables y quiero confesar.

No me iré por las ramas así que reconoceré públicamente que finalmente probé la “fruta prohibida” y me he vuelto “Yonki” (por decirlo de alguna manera). Como tal vez alguno tal vez no esté al tanto del matiz le diré que he visto en streaming contenido audiovisual “gratuito” (entre comillas porque ya pagamos un canon digital por cada equipo audiovisual doméstico y encima tenemos las cuotas de ADSL más lentas y caras de Europa) desde un portal de links. No diré, sabiendo lo que sé, que me arrepiento pero si que es una lástima. Llevaba años controlando ésta suerte de impulso o celibato digital. Me sentía diferente. Tal vez por mi formación en derecho o simplemente por mi profesión como  productor audiovisual, me enorgullecía aliarme con los defensores a ultranza de los derechos de los creadores. No tenía remordimientos, era coherente con mi línea natural de pensamiento y me conformaba con pasarme una vez al mes por la Fnac, lugar que adoro, para comprar una temporada en DVD de mis series favoritas.

Pero un día, hace ahora unas semanas, casi un mes, mientras veía el telediario de las nueve todo cambió. El presentador comenzó por enésima vez en esa semana, la semana previa a la fallida aprobación de la Ley Sinde, a desgranar los temas más jugosos de la eufemística Ley de Economía Sostenible. Entonces hizo hincapié en el tema de los portales de enlaces. ¿Cómo funcionaban realmente?, me pregunté. Arrastrado por la curiosidad miré traviesamente a mi derecha y deslicé mi mano hacia mi ordenador portátil. “Casualmente” a mi derecha tambié yacía el cable VGA tirado en el suelo algo liado, como si mi gata hubiese estado jugando con él. Lo cogí, me tiré en el suelo y conecté el portátil al televisor. Estaba solo en casa, mi mujer y mis hijas en un cumpleaños. Era el momento para el crimen perfecto. Con el ordenador conectado al televisor me dispuse a teclear invadido por la curiosidad las palabras mágicas: www.seriesyonkis.com y zas!

Recuerdo el deja vu que experimenté parecido a las continúas traiciones de las distribuidoras de contenidos. Ahora sería el momento de vengarme pensé y, es curioso observar como, cuando algo te gusta y además esta prohibido, encuentras mil y una justificaciones a tu favor. Una de ellas rulaba por mi mente en donde no se encontraba ni por asomo el hecho de dañar con mi conducta a los creadores. En el punto de mira se situaban las operadores de telecomunicaciones.

Hasta donde alcanza mi memoria, siempre me había sentido un “emigrante” analógico – digital. El mercado televisivo me ofrecía y ofrece tan poco que decidí,  como seguro muchos de Ustedes, abandonar la televisión pública (TVE1 y TVE2) para emigrar a las televisiones privadas (A3 y Tele 5); de ahí pasé a las televisión de pago (Canal +, Discovery, Historia, etc.), hasta canales holandesesllegué a consumir en mi búsqueda de mi concepto de calidad; después comencé a fortalecer el hábito de comprar y alquilar VHSs en vídeo clubs (¡qué tiempos!); de ahí a alquilar y volver a comprar compulsivamente DVDs y de ahí a terminar comprando series de televisión. Y, cuando creía que había llegado a la cima del entretenimiento de pago, cuando pagaba por aquello que quería ve descubroSeries Yonkies. Un portal, feo y simple de narices pero que tiene como valor añadido la extrema facilidad para acceder a los contenidos a todas luces lo más importante.

Hoy, mea culpa, no puedo vivir sin esta herramienta de ocio que me brinda la oportunidad de elegir qué quiero ver y cuando. Ahora, pago por suscripciones mensuales a Megavideo similares a las cuotas mensuales de Canal + (10 euros/ mes) y solo espero que alguien me diga cuanto cuesta disfrutar de los contenidos que me interesan pero para ello deberán ponerse de acuerdo.

Y, la verdad, es que dudo que esto se consiga pronto pues poco se ha escuchado durante estos días dónde esta del verdadero enemigo pues creadores e internautas están obligados a entenderse. ¿Como si no podrían los creadores vender sus productos? Así pues, el enemigo común, indigno, aprovechado, poderoso y real son: los grandes grupos de telecomunicaciones. Mientras tanto el enemigo aguardará sin hacer ruido porque mientras otros se pelean ellos venden ADSLs a raudales. Incentivados en ocasiones por la administración y arengados por las teleoperadoras primeras interesadas, junto al gobierno, del desarrollo de la banda ancha en España han convertido a la industria de contenidos en una excepción a las reglas del mercado en el que todo parece ser gratis.

Distribuidoras, majors, productores, distribuidores, sociedades de gestión, creadores, compren hagan a Series Yonkies una oferta que no puedan rechazar y no traten de inventar la rueda, traten de mejorarla. Hay que pagar por esa maravillosa accesibilidad y contenidos de lujo. ¡Claro que sí! Solo tienen que decirme dónde y cuando porque estoy dispuesto a convertiré en cliente apóstol de ese “nuevo” modelo de negocio que ya funciona en los USA y que ha desbancado al “viejo” canal de distribución de la cadena de alquiler de vídeo Blockbuster.

Señores que deciden quiero pagar y quiero hacerlo… ¡ya!

Pasada la pataleta provocada por la Ley Sinde que consiguió por unos días dividir y enfrentar ruidosamente a la opinión pública. Pasado el mes en el que las Industrias Creativas saltaron por primera vez en su corta historia hispana a la palestra de los telediarios. Con el olvido relativo de la“memoria Polaroid” recordando a Fernando Díaz Plaja en “El Español y los Siete Pecados Capitales” me apetece recapacitar sobre algunos aspectos que, con cierta vergüenza, considero destacables y quiero confesar.

No me iré por las ramas así que reconoceré públicamente que finalmente probé la “fruta prohibida” y me he vuelto “Yonki” (por decirlo de alguna manera). Como tal vez alguno tal vez no esté al tanto del matiz le diré que he visto en streaming contenido audiovisual “gratuito” (entre comillas porque ya pagamos un canon digital por cada equipo audiovisual doméstico y encima tenemos las cuotas de ADSL más lentas y caras de Europa) desde un portal de links. No diré, sabiendo lo que sé, que me arrepiento pero si que es una lástima. Llevaba años controlando ésta suerte de impulso o celibato digital. Me sentía diferente. Tal vez por mi formación en derecho o simplemente por mi profesión como  productor audiovisual, me enorgullecía aliarme con los defensores a ultranza de los derechos de los creadores. No tenía remordimientos, era coherente con mi línea natural de pensamiento y me conformaba con pasarme una vez al mes por la Fnac, lugar que adoro, para comprar una temporada en DVD de mis series favoritas.

Pero un día, hace ahora unas semanas, casi un mes, mientras veía el telediario de las nueve todo cambió. El presentador comenzó por enésima vez en esa semana, la semana previa a la fallida aprobación de la Ley Sinde, a desgranar los temas más jugosos de la eufemística Ley de Economía Sostenible. Entonces hizo hincapié en el tema de los portales de enlaces. ¿Cómo funcionaban realmente?, me pregunté. Arrastrado por la curiosidad miré traviesamente a mi derecha y deslicé mi mano hacia mi ordenador portátil. “Casualmente” a mi derecha tambié yacía el cable VGA tirado en el suelo algo liado, como si mi gata hubiese estado jugando con él. Lo cogí, me tiré en el suelo y conecté el portátil al televisor. Estaba solo en casa, mi mujer y mis hijas en un cumpleaños. Era el momento para el crimen perfecto. Con el ordenador conectado al televisor me dispuse a teclear invadido por la curiosidad las palabras mágicas: www.seriesyonkis.com y zas!

Recuerdo el deja vu que experimenté parecido a las continúas traiciones de las distribuidoras de contenidos. Ahora sería el momento de vengarme pensé y, es curioso observar como, cuando algo te gusta y además esta prohibido, encuentras mil y una justificaciones a tu favor. Una de ellas rulaba por mi mente en donde no se encontraba ni por asomo el hecho de dañar con mi conducta a los creadores. En el punto de mira se situaban las operadores de telecomunicaciones.

Hasta donde alcanza mi memoria, siempre me había sentido un “emigrante” analógico – digital. El mercado televisivo me ofrecía y ofrece tan poco que decidí,  como seguro muchos de Ustedes, abandonar la televisión pública (TVE1 y TVE2) para emigrar a las televisiones privadas (A3 y Tele 5); de ahí pasé a las televisión de pago (Canal +, Discovery, Historia, etc.), hasta canales holandesesllegué a consumir en mi búsqueda de mi concepto de calidad; después comencé a fortalecer el hábito de comprar y alquilar VHSs en vídeo clubs (¡qué tiempos!); de ahí a alquilar y volver a comprar compulsivamente DVDs y de ahí a terminar comprando series de televisión. Y, cuando creía que había llegado a la cima del entretenimiento de pago, cuando pagaba por aquello que quería ve descubroSeries Yonkies. Un portal, feo y simple de narices pero que tiene como valor añadido la extrema facilidad para acceder a los contenidos a todas luces lo más importante.

Hoy, mea culpa, no puedo vivir sin esta herramienta de ocio que me brinda la oportunidad de elegir qué quiero ver y cuando. Ahora, pago por suscripciones mensuales a Megavideo similares a las cuotas mensuales de Canal + (10 euros/ mes) y solo espero que alguien me diga cuanto cuesta disfrutar de los contenidos que me interesan pero para ello deberán ponerse de acuerdo.

Y, la verdad, es que dudo que esto se consiga pronto pues poco se ha escuchado durante estos días dónde esta del verdadero enemigo pues creadores e internautas están obligados a entenderse. ¿Como si no podrían los creadores vender sus productos? Así pues, el enemigo común, indigno, aprovechado, poderoso y real son: los grandes grupos de telecomunicaciones. Mientras tanto el enemigo aguardará sin hacer ruido porque mientras otros se pelean ellos venden ADSLs a raudales. Incentivados en ocasiones por la administración y arengados por las teleoperadoras primeras interesadas, junto al gobierno, del desarrollo de la banda ancha en España han convertido a la industria de contenidos en una excepción a las reglas del mercado en el que todo parece ser gratis.

Distribuidoras, majors, productores, distribuidores, sociedades de gestión, creadores, compren hagan a Series Yonkies una oferta que no puedan rechazar y no traten de inventar la rueda, traten de mejorarla. Hay que pagar por esa maravillosa accesibilidad y contenidos de lujo. ¡Claro que sí! Solo tienen que decirme dónde y cuando porque estoy dispuesto a convertiré en cliente apóstol de ese “nuevo” modelo de negocio que ya funciona en los USA y que ha desbancado al “viejo” canal de distribución de la cadena de alquiler de vídeo Blockbuster.

Señores que deciden quiero pagar y quiero hacerlo… ¡ya!

Pasada la pataleta provocada por la Ley Sinde que consiguió por unos días dividir y enfrentar ruidosamente a la opinión pública. Pasado el mes en el que las Industrias Creativas saltaron por primera vez en su corta historia hispana a la palestra de los telediarios. Con el olvido relativo de la“memoria Polaroid” recordando a Fernando Díaz Plaja en “El Español y los Siete Pecados Capitales” me apetece recapacitar sobre algunos aspectos que, con cierta vergüenza, considero destacables y quiero confesar.

No me iré por las ramas así que reconoceré públicamente que finalmente probé la “fruta prohibida” y me he vuelto “Yonki” (por decirlo de alguna manera). Como tal vez alguno tal vez no esté al tanto del matiz le diré que he visto en streaming contenido audiovisual “gratuito” (entre comillas porque ya pagamos un canon digital por cada equipo audiovisual doméstico y encima tenemos las cuotas de ADSL más lentas y caras de Europa) desde un portal de links. No diré, sabiendo lo que sé, que me arrepiento pero si que es una lástima. Llevaba años controlando ésta suerte de impulso o celibato digital. Me sentía diferente. Tal vez por mi formación en derecho o simplemente por mi profesión como  productor audiovisual, me enorgullecía aliarme con los defensores a ultranza de los derechos de los creadores. No tenía remordimientos, era coherente con mi línea natural de pensamiento y me conformaba con pasarme una vez al mes por la Fnac, lugar que adoro, para comprar una temporada en DVD de mis series favoritas.

Pero un día, hace ahora unas semanas, casi un mes, mientras veía el telediario de las nueve todo cambió. El presentador comenzó por enésima vez en esa semana, la semana previa a la fallida aprobación de la Ley Sinde, a desgranar los temas más jugosos de la eufemística Ley de Economía Sostenible. Entonces hizo hincapié en el tema de los portales de enlaces. ¿Cómo funcionaban realmente?, me pregunté. Arrastrado por la curiosidad miré traviesamente a mi derecha y deslicé mi mano hacia mi ordenador portátil. “Casualmente” a mi derecha tambié yacía el cable VGA tirado en el suelo algo liado, como si mi gata hubiese estado jugando con él. Lo cogí, me tiré en el suelo y conecté el portátil al televisor. Estaba solo en casa, mi mujer y mis hijas en un cumpleaños. Era el momento para el crimen perfecto. Con el ordenador conectado al televisor me dispuse a teclear invadido por la curiosidad las palabras mágicas: www.seriesyonkis.com y zas!

Recuerdo el deja vu que experimenté parecido a las continúas traiciones de las distribuidoras de contenidos. Ahora sería el momento de vengarme pensé y, es curioso observar como, cuando algo te gusta y además esta prohibido, encuentras mil y una justificaciones a tu favor. Una de ellas rulaba por mi mente en donde no se encontraba ni por asomo el hecho de dañar con mi conducta a los creadores. En el punto de mira se situaban las operadores de telecomunicaciones.

Hasta donde alcanza mi memoria, siempre me había sentido un “emigrante” analógico – digital. El mercado televisivo me ofrecía y ofrece tan poco que decidí,  como seguro muchos de Ustedes, abandonar la televisión pública (TVE1 y TVE2) para emigrar a las televisiones privadas (A3 y Tele 5); de ahí pasé a las televisión de pago (Canal +, Discovery, Historia, etc.), hasta canales holandesesllegué a consumir en mi búsqueda de mi concepto de calidad; después comencé a fortalecer el hábito de comprar y alquilar VHSs en vídeo clubs (¡qué tiempos!); de ahí a alquilar y volver a comprar compulsivamente DVDs y de ahí a terminar comprando series de televisión. Y, cuando creía que había llegado a la cima del entretenimiento de pago, cuando pagaba por aquello que quería ve descubroSeries Yonkies. Un portal, feo y simple de narices pero que tiene como valor añadido la extrema facilidad para acceder a los contenidos a todas luces lo más importante.

Hoy, mea culpa, no puedo vivir sin esta herramienta de ocio que me brinda la oportunidad de elegir qué quiero ver y cuando. Ahora, pago por suscripciones mensuales a Megavideo similares a las cuotas mensuales de Canal + (10 euros/ mes) y solo espero que alguien me diga cuanto cuesta disfrutar de los contenidos que me interesan pero para ello deberán ponerse de acuerdo.

Y, la verdad, es que dudo que esto se consiga pronto pues poco se ha escuchado durante estos días dónde esta del verdadero enemigo pues creadores e internautas están obligados a entenderse. ¿Como si no podrían los creadores vender sus productos? Así pues, el enemigo común, indigno, aprovechado, poderoso y real son: los grandes grupos de telecomunicaciones. Mientras tanto el enemigo aguardará sin hacer ruido porque mientras otros se pelean ellos venden ADSLs a raudales. Incentivados en ocasiones por la administración y arengados por las teleoperadoras primeras interesadas, junto al gobierno, del desarrollo de la banda ancha en España han convertido a la industria de contenidos en una excepción a las reglas del mercado en el que todo parece ser gratis.

Distribuidoras, majors, productores, distribuidores, sociedades de gestión, creadores, compren hagan a Series Yonkies una oferta que no puedan rechazar y no traten de inventar la rueda, traten de mejorarla. Hay que pagar por esa maravillosa accesibilidad y contenidos de lujo. ¡Claro que sí! Solo tienen que decirme dónde y cuando porque estoy dispuesto a convertiré en cliente apóstol de ese “nuevo” modelo de negocio que ya funciona en los USA y que ha desbancado al “viejo” canal de distribución de la cadena de alquiler de vídeo Blockbuster.

Señores que deciden quiero pagar y quiero hacerlo… ¡ya!