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El Soho o Sojo de Málaga.

Bueno, bueno… es la primera vez que participo en el blog de un periódico en lo que pienso se ha convertido en un debate tan vacío como alucinante y tan perdido como la estúpida lucha sobre la legitimidad de aquellos que vivimos del negocio de la cultura moderna.
Apoyo el proyecto Sojo, aunque probablemente no llegue nunca a tener el tiempo de involucrarme como me hubiese gustado. Me interesó desde el primer momento desde un punto de vista conceptual por ser una idea original, y comprometida. Original porque aunque se base en otros modelos lo original es plantearse adaptarlo a… Málaga de una manera abierta con la vocación de integrar a todos sus personajes. Comprometida porque tiene un componente social que, para quien nada o muy poco ha recibido de la sociedad malagueña, me parece otro nuevo regalo para la ciudad.
No entraré en la lucha, o tal vez si, de quién fue el creador original de la idea. En mi caso, es justo decir que la primera vez que escuché hablar del proyecto fue a través de Aurora de la Rosa, directora y creativa de la agencia Infiltradas. Si, mujer, madre, creativa y directora de una empresa. Casi “ná”!
Ahora, leyendo el artículo de Moniche me quedo pasmado de que existán dos bandos, dos debates por la paternidad de una obra no realizada aún, como si el proyecto del “Sojo”, con “J”, de Aurora y sus colaboradores no fuese lo suficientemente difícil de realizar. Vale, ahora estoy mintiendo porque en realidad como malagueño no me quedo pasmado porque no me sorprende lo más mínimo. A lo largo de los más de doce años al frente de mi empresa, izzan.grupoqz.net/~euromedia, he participado en tantas “batallas culturales” por artistas, por instituciones, por empresas privadas, por gerentes culturales, por programadores culturales, por… políticos mentirosos que he perdido la cuenta. Entre todos consiguieron modificar mi manera de ver las cosas, de ver Málaga y me llevaron a examinar con lupa las actitudes de cuantos me rodean.
Como todos vosotros, he sufrido mil veces la vampirización de ideas y proyectos tanto por el sector público como por el sector privado. Una vez más veo con mucha pena como en vez de unirnos “quieren” separarnos. Demasiada gente en esta ciudad para los que es más rentable empresarial o políticamente dividir que aunar. Los agentes públicos porque quieren hacerte creer especial con sus promesas. Reparten dádivas tan vacías de contenido, como de dinero, con el canto de sirenas del bien cultural olvidando que ellos son los legatarios de tal responsabilidad y que los empresarios del sector creativo nos debemos a hacer rentables nuestras empresas con su ayuda o sin ella. Los privados, en el escenario actual, preocupados, en cómo sobrevivir al año que nos espera de dureza extrema. Preocupados en cómo innovar generando ideas propias que aporten valor añadido a nuestro y porqué no a la ciudad pero esta siempre en segundo lugar. No creo que estemos en un buen momento, tampoco el peor, pero pienso que por el camino que vamos esto no se arreglará a corto porque requeriría de un importante cambio de mentalidad y de aunar esfuerzos. En una ciudad en la que todos se conocen es difícil estar dispuestos a dar el brazo a torcer aunque ello suponga enterrar otro gran proyecto.